SORORIDAD POLÍTICA: CONSTRUIR ALIANZAS ENTRE MUJERES PARA FORTALECER LA DEMOCRACIA Y LA IGUALDAD.
SORORIDAD POLÍTICA
La política suele concebirse como un espacio marcado por la competencia, el debate y la confrontación de ideas. Los partidos políticos representan proyectos distintos de nación y, por ello, es natural que existan diferencias ideológicas entre quienes participan en ellos. Sin embargo, existen temas que trascienden las fronteras partidistas y que invitan a construir acuerdos en beneficio de toda la sociedad. Uno de ellos es la promoción de los derechos de las mujeres y la búsqueda de condiciones de igualdad que permitan una participación política libre de discriminación y violencia.
En este contexto, el concepto de sororidad política ha cobrado especial relevancia. Más que una invitación a pensar igual o a pertenecer al mismo movimiento, la sororidad representa la posibilidad de establecer alianzas entre mujeres que, desde diferentes ideologías y espacios de representación, comparten el compromiso de impulsar una democracia más inclusiva. Comprender este concepto implica reconocer que las diferencias políticas no necesariamente impiden la colaboración cuando existen objetivos comunes relacionados con la dignidad, la igualdad y los derechos humanos.
La palabra sororidad proviene del latín soror, que significa "hermana", y fue retomada por la teoría feminista para nombrar las relaciones de solidaridad, apoyo y reconocimiento entre mujeres frente a las desigualdades estructurales que históricamente han enfrentado. La antropóloga mexicana Marcela Lagarde explica que la sororidad constituye un pacto ético y político que busca romper con la competencia impuesta entre mujeres y sustituirla por relaciones basadas en la cooperación, el respeto y el reconocimiento mutuo.
No obstante, uno de los errores más frecuentes consiste en interpretar la sororidad como una obligación de apoyar incondicionalmente a cualquier mujer. En realidad, la sororidad no elimina el pensamiento crítico ni exige coincidencias absolutas; implica reconocer que existen causas comunes como el acceso igualitario a los derechos, la erradicación de la violencia o la participación política plena que pueden construirse colectivamente sin renunciar a la pluralidad de ideas.
De modo idéntico, la palabra sororidad nos lleva a un concepto el cual está conformado por solidaridad, empatía y apoyo, por lo cual, si lo pensamos bien, este busca definir los pactos éticos que las mujeres generan entre ellas para poder colisionar en un área en específico, manteniendo los conflictos, el poder y la competencia una línea atrás.
Esta palabra refleja no solo los valores que lleva enfrente si no también el cambio y la revolución que constantemente refleja en la sociedad y en las relaciones de mujeres, con el propósito de crear redes de apoyo.
ALIANZAS ENTRE MUJERES
Si bien es cierto, históricamente los partidos políticos no pueden tener una relación cercana, de apoyo o de comunión porque daría una imagen de choque.
Con la sororidad puesta en la mesa, yo me cuestionaba, ¿Dos mujeres de partidos completamente distintos podrían trabajar juntas? Pues esta situación hipotética podría dar pie a interacciones, relaciones, proyectos y opiniones construidas donde objetivamente, las mujeres compartan valores y objetivos, que fortalezcan los beneficios de la ciudadanía y por ende las propuestas políticas.
La historia demuestra que muchos de los avances relacionados con los derechos políticos de las mujeres han sido posibles gracias a la capacidad de construir acuerdos entre mujeres con trayectorias, ideologías y pertenencias partidistas distintas. En diferentes momentos de la vida democrática mexicana, legisladoras de diversas fuerzas políticas han impulsado reformas relacionadas con la paridad de género, la igualdad sustantiva y la prevención de la violencia política contra las mujeres. Estos logros evidencian que la colaboración no implica uniformidad de pensamiento, sino la identificación de objetivos comunes capaces de beneficiar a la sociedad en su conjunto.
LIDERAZGO COLECTIVO
La sororidad política puede entenderse, por tanto, como una forma de liderazgo colectivo. Mientras el liderazgo tradicional suele asociarse con figuras individuales que concentran poder y visibilidad, la sororidad propone una lógica distinta: la construcción de redes de apoyo, el intercambio de experiencias y la generación de acuerdos que permitan ampliar las oportunidades para otras mujeres. En este sentido, el liderazgo deja de medirse únicamente por los cargos ocupados y comienza a valorarse también por la capacidad de abrir camino para quienes vienen detrás.
Claro, en este caso, llegamos a caer en la idea de que las mujeres deberían ayudarse o apoyarse solamente por el hecho de ser mujer. Pero la importancia aquí está en reconocer que por ser mujeres no deben de aliarse o tomar poder, si no aliar saberes e influencia con el propósito de, número uno restablecer las jerarquías y brindar un ejemplo a la sociedad de las posibles alianzas que se pueden hacer entre mujeres, y número dos, la importancia de reconocer que muchas veces el apoyo y el trabajo de equipo de cabezas femeninas puede aportar demasiado.
De igual manera al implementar esta alianza y libertad en las mujeres, sería necesario pintar algunos límites que rijan hasta qué punto y con qué poder las mujeres influyen, no para limitar si no para establecer reglas y normas que dejen esta opinión y procesos fluir de una manera más ordenada.
DESAFÍOS Y RIESGOS
Aunque la sororidad representa una herramienta valiosa para fortalecer la participación política de las mujeres, su construcción enfrenta importantes desafíos. La competencia electoral, la disciplina partidista, la polarización política y la presión mediática pueden dificultar el establecimiento de relaciones de confianza entre mujeres pertenecientes a diferentes proyectos políticos. En ocasiones, estas dinámicas favorecen la confrontación permanente y dejan poco espacio para el diálogo en torno a objetivos compartidos.
A ello se suma el riesgo de utilizar el concepto de sororidad de manera superficial o estratégica. Cuando la sororidad se reduce a un discurso sin acciones concretas o se emplea únicamente como herramienta de imagen pública, pierde su dimensión ética y política. Su verdadero sentido radica en promover relaciones basadas en el respeto, la corresponsabilidad y el compromiso con la igualdad, incluso cuando existen desacuerdos en otros temas.
Para esto, sería interesante reunir a un grupo de mujeres y establecer las opiniones, objetivos y deseos que probablemente tengan. Claro la idea de la sororidad va blindada de ética y empatía pero muchas veces el hablarlo y el plantearlo es más claro y objetivo que el idear. El comienzo de esta idea, sería ideal plantarla en los espacios donde se pongan a debate.
CONCLUSIÓN
La sororidad política representa mucho más que un concepto surgido desde la teoría feminista; constituye una posibilidad real para transformar la manera en que se construyen las relaciones dentro de la vida pública. En un escenario donde la competencia electoral y las diferencias ideológicas son parte esencial de la democracia, la sororidad demuestra que es posible establecer acuerdos sin renunciar a las convicciones propias. No significa pensar igual, pertenecer al mismo partido o respaldar incondicionalmente cualquier acción realizada por otra mujer. Significa reconocer que existen causas comunes, como la igualdad, la erradicación de la violencia y la defensa de los derechos humanos, que requieren del diálogo, la colaboración y el compromiso colectivo.
Sin embargo, construir una auténtica sororidad política continúa siendo un desafío. Requiere dejar de concebir el liderazgo como una competencia individual para entenderlo como una oportunidad de abrir camino a otras mujeres, fortalecer redes de apoyo y promover espacios donde las diferencias puedan convertirse en una fuente de aprendizaje y no de división. La democracia se fortalece cuando incorpora la diversidad de voces y cuando quienes participan en ella son capaces de anteponer el bien común a los intereses particulares.
TRANSFORMACIÓN SOCIAL
Más allá de los cargos públicos o de las instituciones, la sororidad comienza en las acciones cotidianas: en la disposición para escuchar, reconocer el trabajo de otras mujeres, acompañar sus procesos y construir relaciones basadas en el respeto y la ética. Las nuevas generaciones tienen la oportunidad de consolidar una cultura política distinta, donde el liderazgo femenino no se mida únicamente por los espacios conquistados, sino también por la capacidad de generar cambios colectivos y abrir oportunidades para quienes vienen detrás.
En última instancia, fortalecer la sororidad política es fortalecer la democracia. Una democracia donde las mujeres puedan participar, disentir, dialogar y construir juntas no solo beneficia a las mujeres, sino a toda la sociedad. Porque cuando el liderazgo se ejerce desde la colaboración, el respeto y la búsqueda del bien común, la política deja de ser únicamente un espacio de competencia y se convierte en una verdadera herramienta de transformación social.
